La escena, no puede ser más extraña:
Tengo 26 años, mi cuerpo aunque se encuentra en buena forma física, posee una historia que escandalizaría a la sociedad si algún día llegase a saberse un poco sobre las mil y un historias que me han ocurrido a lo largo de mi existencia. Las marcas realizadas en fecha reciente en las proximidades de mis venas debido a otro abuso de sustancias, mezcladas con un tatuaje mal logrado en medio de un estado de ebriedad aparente, reflejan que ha sido bastante duro el hecho de afrontar un futuro post-apocalíptico, quizás ya no es 1994, pero en el fondo sigo rodeado por los miles de edificios destruido, los cuales hacen un decadente contraste con los opulentos centros comerciales en los que la sociedad suele saciar sus más superficiales instintos.
Mientras tanto, y a riesgo de presentar el tonto estereotipo de muchacho rebelde que nunca ha crecido… Debo reírme internamente de ellos. Sigo siendo un eterno solitario, aunque esta vez, no me he vuelto a refugiar en productos que en el pasado significaban la única garantía de permanecer otro día más en esta biosfera. Es algo realmente ridículo el pretender que la humanidad ha evolucionado. ¿Evolucionar?, ¡Por favor!, Si mi generación no es más que una horda de animales pseudo-nocturnos que han perdido toda esperanza en elementos sobrenaturales, al idolatrar a seres que les brindan melodías con frases corrosivamente inútiles.
Los que alguna vez formaron parte de mi generación, hoy no son más que meros promotores… Ya no de un ritmo que acabó con la poca conciencia que poseían, sino que ahora, promueven un estilo de vida, promueven supervivencia, superioridad… Algo que sabemos, no ocurrirá. Han sido abducidos y reinsertados a la comunidad en un estado de somnolencia cerebral que asustaría al más retorcido de los psiquiatras de Hollywood. Es una odisea lobotómica, de la cual he sido víctima de manera indirecta.
He llevado durante toda mi vida la etiqueta de ser alguien diferente, alguien de un pensar distinto, lo cual nunca me ha hecho daño, pero me ha ido convirtiendo a lo largo de los años en un ser vulnerable. Aunque sé que internamente hay una flama que nunca se apaga, externamente he preferido seguir escapando de mí mismo, como aquella vez en la que disgregado sobre cientos de cajas de cartón, soñaba con seguir creyendo en el calor humano.
Mi cabello ha crecido significativamente, al igual que mi un poco cerrada barba, el color de mi piel ha cambiado de manera drástica en los últimos años, como consecuencia de co-existir huyendo de nuestro astro rey en la medida de mis posibilidades. Es algo absurdo vivir al límite de la carretera. Es totalmente absurdo mantenerme retraído, yendo cada vez más hacia lo profundo de mi pensamiento, vivir inmerso en mis eternos dilemas.
He conseguido un lugar en el que me puedo relajar cada vez que lo desee sin necesidad de recurrir a ningún artilugio artificial. Siempre que lo necesito, decido ir en mi moto hasta ese lugar, atravesando por supuesto, todo aquello que aún se permanece en pie en medio de sombras mecánicas y reflejos inexistentes. El hecho de que algo haya sufrido las consecuencias de una implosión, no significa que no siga allí, haciéndote recordar cada día de tu existencia, el hecho de que eres el resultado eterno de todas aquellas acciones que realizas… Y de cada palabra que mencionas.
Mientras en mi cabeza suena una canción antigua, decido manejar con mis ojos cerrados, la ceguera física y temporal no es impedimento para ver con los ojos de mis propias filosofías el camino que me rodea. Quizás lo único que aún me mantiene con vida, es el hecho de que puedo colocar en pausa todo cuanto desee, y retroceder o avanzar aquello que más me convenga. Lo sé, el abusar de mí mismo y de mis propias capacidades desde que apenas tenía 16 años ha significado mi mayor estigma, mi más grande demonio a derrotar.
Es una eterna pelea conmigo mismo, puesto que no termino de aceptar el hecho que por un lado soy un genio… Y por el otro, no soy más que el vivo ejemplo de alguien que no ha encontrado nunca su lugar en medio de una sociedad llena de tarjetas de crédito pensantes e intelectuales de automóviles que jamás podrán poseer.
Siento como mi moto y yo nos elevamos, giramos, damos vueltas en cualquier cantidad de direcciones, mientras tanto, voy riéndome, voy llorando, voy serio, voy trastornado, voy… volando dormido en medio de líneas paralelas y oblicuas que inundan mi idílico viaje a aquel lugar que se ha convertido en el único refugio sano y ambientalmente aceptable que pueda tener.
...Dicho lugar, no es más que una pequeña playa, en donde la arena ha dado paso a cientos de miles de pequeñas piedras, que se han convertido en mi cama, en mi habitación mental, mi moto destila aceite, el líquido glorioso e hirviente con el que tantas veces he quemado y marcado para siempre mi pecho, escribiendo palabras de las cuales solamente yo sé el significado. En dicha playa, puedo hacer cuanto me plaza, puedo sentarme, arrojarle piedras al agua… Escribir una vez más en la pequeña libreta que siempre cargo conmigo, todas aquellas penurias y glorias que observo y admiro en aquellos seres que merecen mi total y absoluto respeto y –¿por qué no?- idolatría.
En mi cabeza sigue sonando la misma canción que he estado escuchando desde hace algunas horas, el ego ha aterrizado una vez más. El éxtasis personal me ha invadido sin quererlo. No se nota, no se percibe a simple vista, pero puedo olerlo y degustarlo como si fuese el más exclusivo de los placeres sensoriales.
Me siento un poco culpable por algunas acciones que he realizado. Admito que suelo ser realmente ácido e irreverente. No es mi culpa. Me gusta ser quien soy, prefiero vivir de manera independiente, a seguir los parámetros de un mundo cada vez más consumido por sí mismo.
Caigo rendido, el sueño logra vencerme, a final de cuentas, no soy más que un simple humano. Divago en alta mar, floto, me desvanezco en medio de intensos y perpetuos oleajes mientras sinfonías incompletas me hacen sentirme feliz y agradecido, pero a la vez preocupado y desmotivado. Siguen existiendo algunas cosas que sólo se dedican a atormentarme cada día más.
Despierto, intacto, y en el mismo lugar. Todo no ha sido más que una tonta ilusión. Me doy cuenta que apenas está anocheciendo. Llegó la hora de cometer otro sacrificio urbano en nombre de mi propia iluminación. Llegó el momento de exorcizar el elemento que sigue perforando el hecho de estar caminando sobre el frágil hielo de mi existencia.
Quizás, mientras un piano mal concebido toque las notas de mis pensamientos, en el fondo… Los cientos de turbinas eólicas que rodean mi camino lleno de construcciones inacabadas… Serán los únicos que observarán de manera pacífica y silente… Cómo iré reconstruyendo poco a poco mi existencia. Irán siendo maravillados por el hecho de que seguiré siendo el mismo soldado exegeta que destruye… Para reconstruir algo mejor. Y es que, en el fondo, dichas turbinas me han enseñado lo más elemental del universo: Si no eres tú quien decide convertir tu propia energía en algo positivo… Nadie lo hará por ti.
Se les quiere; ¡Gracias por leerme!
.Eliézer //